Una nueva oportunidad para resignificar el valor de la dignidad en las personas mayores

junio 15, 2022

La República Argentina es hoy uno de los países más envejecidos de América Latina y el Caribe. Según las proyecciones del INDEC, la población de 60 años en adelante ascendió a 7.279.394 en 2021, lo que representa el 15,9% de la población total. 

la esperanza de vida en nuestro país es de 78,15 años y las proyecciones a futuro muestran una continuidad de este proceso, ya que, según los datos publicados por el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía, para el año 2050 en nuestro país una de cada 4 personas tendrá 60 años o más 

Este escenario a nivel local corresponde con una tendencia mundial. En el año 2018 por primera vez, la población de personas de 65 años o más superaron el número de los niños /as menores de 5 años en todo el mundo. 

Además, podríamos hablar de que existe un cambio en la mirada de las políticas públicas, que comienzan a prestar más atención a esta franja etaria. En 2011, el 15 de junio fue designado por la Asamblea General de Naciones Unidas como el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. 

La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores es un instrumento adoptado por Naciones Unidas el 15 de junio de 2015 y fue ratificada por la República Argentina en mayo del 2017 mediante la ley número 27360.  

La Convención establece que las personas mayores tienen derecho a: 

  • Tener una vida digna y plena.
  • No ser discriminados.
  • No recibir malos tratos físicos o mentales y a tener una vida libre de explotación.
  • Envejecer en su casa y en familia.
  • Acceder a información, a ser escuchados y expresarse libremente. 

Sin embargo, se sigue luchando contra la violencia de todo tipo que se ejerce sobre la población mayor. La pandemia por COVID 19 y la crisis sanitaria acrecentaron esta situación y expusieron que, a pesar de haber una amplia gama de normativas internacionales y nacionales, los derechos de las personas mayores aún no están protegidos como se requiere y muchas y muchos de ellos han sufrido el atropello de su dignidad e independencia, amenazando y perjudicando sus derechos sobre todo en salud y educación.. 

La Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación informó que durante 2020 registró casi 660 personas mayores afectadas por hechos de violencia doméstica, en su mayoría mujeres, con una frecuencia diaria o semanal, y que 5 de cada 10 de los agresores fueron sus hijos. 

Y transcurridos más de dos años, la situación desde el inicio de la pandemia ha empeorado: durante todo el 2021, solamente en la ciudad de Buenos Aires donde reside el del 22 % de la población mayor de nuestro país, se atendieron a 1808 personas mayores que se encontraban en situación de violencia. En 68% de los casos se ejerció violencia psicológica, seguida además por la violencia económica y patrimonial en un 32% de los casos. 

En un nuevo 15 de junio, vale la pena preguntarse qué tan coherentes estamos siendo en resignificar el valor de la dignidad en las personas mayores; aquellas personas en las calles, con quienes interactuamos en el día a día y que seguramente, acompañamos de una u otra manera. 

Cada año, nos vemos inundados de publicidades, anuncios, videos, de conversatorios y otros mensajes que hacen alusión a la extraordinaria ‘Convención de los Derechos Humanos’ y todas sus “bondades”. Sin embargo, sin desvalorizar lo que se genera con las mejores intenciones para comunicar lo que debería suceder en teoría; los altos índices que evidencian en la práctica, la existencia de maltrato. Pareciera que, en el campo de nuestras dinámicas sociales, el menosprecio, la marginación, la discriminación, el edadismo hacia la población mayor continúa siendo un asunto instalado y poco intervenido. 

Una sociedad para todas las edades requiere de una transformación profunda acerca de nuestras ideas y conceptos respecto a la vejez. Significa caminar la vida desde una perspectiva de derechos y conciencia, implica extender nuestra mirada a lo largo del ciclo vital, desde que nacemos hasta que morimos. Significa reconocernos como seres humanos, con grandes potencialidades y cualidades, pero también con dificultades y defectos.  

Pero, por encima de todas las cosas, es necesario también reconocernos como seres que poseemos dignidad y que la dignidad significa ‘valer’ por lo que se es en sí, por ser personas. Esa ‘valía’ se concreta a trabajar de las distintas interrelaciones y con la ayuda de los denominados derechos y deberes.  

Valdría la pena entonces volver, cada vez que sea necesario, a la esencia, a esa necesidad individual de reconocernos en quien tengo al lado, a ‘verme’ en esa persona mayor que desea vivir su vida de la mejor manera y que necesita del apoyo, de la compañía, del afecto, de la mano de otra persona, aún y más allá de esa sociedad que tiende a silenciarla y a olvidarla. 

Desde el Club de Día Mensajeros de la Paz, se promueve la concientización permanente acerca de la importancia que representa este grupo poblacional para el mundo. Se hace ineludible embebernos de conciencia real, de conciencia práctica y reivindicar día a día la vida, en este caso la de las personas mayores, dar el valor real de su dignidad. Al final todos y todas caminamos en el sendero del envejecimiento y en este caso, con las vejeces como protagonista. 

 Somos mayores, somos derechos, somos deberes ¡SOMOS EN DIGNIDAD 

Las/os autores de la nota son parte del equipo interdisciplinario del Club de Día Mensajeros de la Paz:

  • María Eugenia Willems: directora del Club de Día Mensajeros de la Paz desde hace 8 años, Licenciada en Trabajo Social con formación en el curso de Especialización en Psicogerontología.  
  • Luis Velandia: Licenciado en Trabajo Social. Se desempeña como personal especializado en población mayor, con experiencia en esta área.  

El Club de Día Mensajeros de la Paz es un dispositivo de atención diurna dirigido a personas mayores que busca su bienestar integral a través de realizar diferentes acciones, en un ámbito de participación, inclusión social, prevención, protección promoción y restitución de derechos.  

El objetivo general del Club de Día es brindar un espacio de atención integral para mayores basadas en la prestación alimentaria, el fomento de la participación y la contención social.  

Está dirigido a personas mayores: 

  • De 60 años en adelante.
  • Situación de vulnerabilidad social.
  • Fragilidad en sus redes sociales y familiares de apoyo  
  • Existencia de alguna patología de orden física, mental y/o cognitiva.