La persona mayor es protagonista de su propia vida

agosto 04, 2020

En el Hogar San José de Mensajeros de la Paz residen más de 50 personas mayores que, en su mayoría, son muy longevas. Habitan residentes que hace más de una década que están con nosotros/as  y, por qué no decirlo, hace más de dos décadas que nos acompañan.

Muchas veces nos preguntamos… ¿qué es lo que los/las mantiene vivos/as y en buenas condiciones de salud psicofísica? Nos hemos dado cuenta de que hay pilares fundamentales: el amor, el respeto de sus derechos, la libertad, la risa, el canto, el buen humor, el voluntariado, las visitas institucionales frecuentes y el soporte familiar. Aunque no todos tienen familia, esto es compensado por las familias de los y las residentes que sí la tienen, por los voluntarios y por el equipo del Hogar. Los caminos fundamentales son el abrazo, la charla cercana, el tomarnos de la mano, cantar juntos, entre otras actividades.

La persona mayor es un ser bio-psico-social y ambiental: la salud mental también es importante

La salud física es importante, como también la salud mental. El cuidado de la salud la concebimos de manera integrada. Para  nuestro equipo interdisciplinario, la persona mayor, como todo ser humano, es un ser bio-psico-social-espiritual y ambiental. No podemos separar esos aspectos: si sólo tratamos uno, descuidamos los otros. Nuestro equipo médico y de enfermería trabaja con todo esmero en el cuidado de la salud física del residente, pero lo hace en absoluta articulación con los/las otros/as profesionales del equipo interdisciplinario, porque cada ser humano es uno e indivisible. En este sentido, la salud mental también es igual de importante que la física.

El apoyo espiritual también es importante. Por eso, organizamos espacios de reflexión y oración, apoyada desde el equipo y por el sacerdote que, con frecuencia, da las misas de los fines de semana u ocasiones especiales. Nuestro Hogar es ecuménico, todas las creencias son bien recibidas en tanto no lastimen a otros/as. ¿Por qué rescatamos la espiritualidad? Porque consideramos que puede ser de gran apoyo a la hora de enfrentar situaciones de crisis o de pérdidas. 

La importancia del medio ambiente

¿Y el ambiente? La residencia no es sólo física, también es la música, los colores, la decoración, el beso a la pasada, el “te quiero”, el pintarse las uñas y maquillarse, o el ‘pórtense bien’ del equipo para que se rían y contesten que lo van a pensar. El ambiente es cantar el bingo y un compañero diciendo el recorrido del colectivo que corresponde a cada número. Y otra compañera diciendo los sueños a los que corresponde la bola que salió.

El Hogar San José en época de pandemia

Y ahora, estamos en tiempos de pandemia. El Hogar se ha transformado. Se mueve, cambia continuamente. Un día no es igual a otro. Lo que hoy planificamos para mañana, tal vez mañana deba readaptarse a una nueva realidad. En el equipo decimos “vamos minuto a minuto”. Seguimos protocolos, que han modificado notoriamente las rutinas. Los y las residentes han tenido que adaptarse a nuevos espacios de circulación, de lectura, de recreación. De repente, ya no comen juntos/as, sino que mantienen una distancia considerable que en muchos casos representa el no poder comunicarse verbalmente, debido a los problemas de audición.

Hasta hace poco tiempo, nuestro equipo daba cursos presenciales acerca del cuidar a futuros cuidadores de personas mayores. Y les decíamos: cuidar no es avasallar, no es sobreproteger. Cuidar es respetar la historia e idiosincrasia del otro/a y en base a ello, proceder. Cuidar es respetar el derecho de la otra persona a elegir cómo quiere ser cuidada. El que cuida no tiene la autoridad absoluta, tiene responsabilidad en el cuidado, pero no decisión plena sobre el otro/a. Si fuera así, la persona cuidada quedaría en lugar de objeto y no de sujeto.

Hoy nos preguntamos en el equipo: ¿cómo continuar en el cuidado? ¿Estamos cuidando? ¿O estamos avasallando y sobreprotegiendo? Son muchas los y las residentes que nos dicen ¿volveré a ver a mi familia? Pero no porque no comprendan la situación. La comprenden muy bien. Y nos la explican “tengo más de 90 años. Dos meses en mi vida actual no son lo mismo que dos meses en mis años pasados. Estoy más próxima a marchar”. Y de ahí deviene la pregunta “¿volveré a ver a mi familia?”. Como equipo ¿tenemos nosotros/as el derecho de restringir el encuentro? Sin embargo, el protocolo así nos lo indica y así lo cumplimos.

Entonces, pensamos en las consecuencias de lo que sería una deprivación emocional, es decir, una forma de maltrato psicológico que implica no ser emocionalmente atendidos en forma adecuada, considerando la edad. Implementamos todas nuestras herramientas para que esto no suceda.  Nuestros residentes nos lo dicen: requieren la vinculación con sus afectos. Y nosotros no estamos pudiendo suplir el abrazo, tan necesario a esta edad como en todo momento del curso de la vida. Casi no nos reconocen con nuestras cofias, barbijos y máscaras. Nuestros rostros son inexpresivos debajo de tanto equipo. Para intentar dar respuesta a estas necesidades, desde el equipo asistencial se llevan adelante planes de acción basados en talleres de modalidad virtual, articulando con universidades públicas, videollamadas a familiares, equipo de voluntarios que llaman de manera pautada, talleres presenciales del equipo profesional, actividades recreativas, música, etc.

El alcance de los protocolos

Obviamente, no estamos cuestionando los protocolos; tienen una finalidad y están hechos por expertos. Lo que estamos diciendo y cuestionando es su alcance. Hasta dónde. O dicho de otro modo, lo que dejan por fuera. En este sentido, consideramos que las limitaciones del protocolo son muchas desde el plano afectivo.

Una de las formas de maltrato, es el aislamiento. Que consiste en evitar mantener y aprovechar las oportunidades de relación social en forma positiva y activa. Este tipo de maltrato puede llevar a la depresión y a la anorexia nerviosa, por ejemplo. Los protocolos deben ser adaptados a las circunstancias vitales de las personas mayores. Ellos y ellas nos reclaman. La familia en el adulto mayor  es su fuente de apoyo, es el sistema más importante de apoyo afectivo para afrontar las pérdidas que conlleva el envejecer.  Y uno de los mayores factores de riesgo para la depresión en personas mayores es el sentimiento de soledad.

Si lo interpretan como ausencia de cariño, afecto y amor de parte de familiares o personas cercanas, el deseo afectivo y el temor a la pérdida o a ser abandonados podrían ir en aumento. Esta situación, significada como privación afectiva, lleva a la pérdida del interés y del placer, ocasionando inestabilidad emocional, física y social. Y derivando en un posible cuadro depresivo o en un trastorno de conducta que no son más que pedidos desesperados de ayuda, por el profundo dolor que se estaría experimentando.

La tarea de las residencias y hogares

¿Qué pasa entonces en las residencias de larga estadía? Los espacios relacionales han cambiado. Se comparten espacios físicos, con distancia. Pero la distancia se ha vuelto también emocional y vincular. Esta situación aumenta la vulnerabilidad a desarrollar trastornos psicológicos.

Esta situación no se da en todos/as los residentes, obviamente. Hay quienes son más resilientes, cuentan con más recursos personales y factores de personalidad protectores que les permiten afrontar mejor las circunstancias que estamos viviendo. Pero hay un pequeño grupo que se ha visto notoriamente afectado. Y para ellos/as y por ellos/as estamos trabajando incansablemente para implementar todas las intervenciones que estén a nuestro alcance y revertir estas situaciones.

Y más allá de nuestro trabajo continuo, queremos expresar, en este escrito, la relevancia de contemplar un plan de trabajo que contenga una integralidad en la mirada del plano emocional y social en contextos complejos. En este sentido, consideramos que es importante que se puedan integrar todas  las áreas que conforman al ser humano, en el cual los Derechos de las personas mayores y los Derechos en general sean respetados.